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Misión. “De la mano de Dios siempre llega algo nuevo”  

Del 18 al 20 de julio 40 adolescentes y jóvenes, en su mayoría de sexto año de los colegios de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús de Córdoba y Dean Funes, algunos de cuarto y quinto años, junto a exalumnas, exalumnos y algunos adultos, emprendieron el desafío de una nueva convocatoria misionera que cerró justo con el día del amigo.

La misión vivida en Cuaresma dejó mucho entusiasmo en los jóvenes, por lo que a este nuevo llamado participaron los mismos y se sumaron algunos nuevos que visitaron a las familias de los barrios barrios de Santa Inés y Las Cortadas (Dean Funes). La idea –según lo adelanta la Hna. Flavia- es que para fin de año, en tiempo de Adviento (previo a la Navidad) cerrarán el ciclo de misiones 2022 con otra misión, por ser experiencias que los llenan de sentido, de esperanza tanto a los jóvenes como a la comunidad.

Así lo comparten Victoria Ozan del Instituto Sagrado Corazón (Dean Funes) y Maria Sol Pera del Colegio De María (Córdoba).

Victoria sintió la presencia de un gran compañero de camino en esta misión y así lo comparte:  

“¡Qué linda se torna nuestra vida caminando con Dios!. Un Dios que nos acompaña, que nos guía, que nos entiende, pero sobre todo que nos ama con ese amor que solo Él nos puede dar, y con ese amor que, como hijos, debemos recibir con un corazón dispuesto a aceptar al único que NUNCA nos ha de abandonar.

Cada uno de nosotros tiene algo especial que solo Dios que nos ha creado y nos conoce mejor que nadie puede ver. Es por esa misma razón que cuando lo seguimos de verdad vivimos momentos que no podemos explicar porque nos quedamos sin palabras de lo tan maravillosos que son. Porque sí, cuando nos pone algo en nuestro camino para cambiar nuestra forma de ver la vida no existe poder humano que lo quite, ni deseo que lo aleje.

Dios, es ese ser único que tiene el poder de cambiar nuestras vidas y de renovar nuestro espíritu y, ¿Por qué? Porque en cada experiencia Dios nos regala ese algo que para siempre quedará grabado en nuestras mentes y que desde ese instante seguirá latiendo en nuestros corazones.

Definitivamente ésta misión fue diferente porque nuestro Padre del Cielo la transformó así, seguramente conocimos a personas nuevas y a otras nos las reencontramos, seguro visitamos o no las mismas casas y a la misma gente, seguro fueron pocos días como en abril, y sí quizás por esta vez no “intercambiamos lugares” y tampoco viajamos de un lugar a otro como comunidad de Deán Funes, pero lo más hermoso lo hace Dios, y en el lugar en el que estemos él siempre estará con y entre nosotros, haciéndonos compañía y diciéndonos “Bienvenidos a la Vida”, bienvenidos a compartir y escuchar al que lo necesita y anhela, bienvenidos a la Vida que yo mismo les di y que yo mismo les quitaré cuando vea que han cumplido las misiones que les he encomendado realizar y, las que deseo, culminen como las he planeado conforme a mi voluntad.

Nunca perdamos la Fe y la esperanza de que siempre, de la mano de Dios, algo nuevo llegará para renovarnos y volvernos aún más vivos. Seguro cada uno de nosotros tiene razones para seguir, pero siempre que la primera sea Jesús, el primero que nos amó, comprendió y el primero que camina adelante nuestro hacia donde nos dirijamos y hasta donde él decida que tenemos que llegar.

Que el centro de nuestra felicidad sea él y que nuestras alegrías lo tengan presente por sobre todas las cosas. ¡VIVA JESÚS! ¡VIVA LA VIDA!.”

Para María Sol, de Córdoba, fue su primera experiencia y esto nos comparte:  

“Hola!! Hoy les vengo a contar una experiencia que tuvimos muchos jóvenes de 6to año del Colegio de María de Córdoba junto con chicos de Deán Funes del Colegio Sagrado Corazón.

Del 18 de julio al 20 de julio fuimos a Dean Funes a misionar por los barrios de Santa Inés y Las Cortadas, pasamos por las casas de la gente de cada barrio para hablar con ellos, preguntarles cómo estaban?, pero sobre todo para escucharlos. También hicimos encuentro con niños (fuimos a algunos merenderos también), y los hacíamos bailar, jugar, pintar, rezar, etc.

Esta fue mí primera experiencia misionando y la verdad volví muy feliz y emocionada. Ya que aprendí a transitar mí camino de Fe de un modo diferente golpeando las puertas de las casas para poder charlar con las personas, conocerlas, poder compartir un momento con ellos, poder sacarlos un poco de la realidad que están viviendo. Pero también me ayudó a conocerme más a mí misma, en los diferentes momentos de oración.”

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