Espiritualidad

El Amor y la Reparación es nuestro sello, lo que nos identifica como Esclavas del Corazón de Jesús.  Es el fuego que llevamos dentro como don del Señor y que se expresa en la vivencia de una espiritualidad marcada por la experiencia del AMOR REPARADOR, que toca y transforma cada área de nuestras vidas.

“Lo que oímos, lo que vieron nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos (…) Eso que vimos y oímos se lo anunciamos ahora” 1 Jn 1, 1-3

En dos palabras esenciales se resume la hondura de este carisma que nos invita a vivir una espiritualidad Cristocéntrica, marcada por la Persona del Redentor, especialmente en su Corazón, que es símbolo del amor y el camino por el que Cristo se une a todo hombre. Por Él trabajamos, para unir a los hombres con Dios.

El AMOR y la REPARACIÓN nos invita a:

  • Identificación con Jesús, el Hijo de Dios, el Siervo que obedece y sirve por amor

Es la parte del Evangelio que nos toca vivir. Él abrazó la voluntad del Padre, fue obediente hasta la muerte por amor, y sólo por amor, obedeció y sirvió. Ese es nuestro modelo a seguir: escuchar y obedecer la voluntad del Padre y desde ella servir. Es un proceso de ir identificándonos con sus sentimientos: la obediencia, la humildad, la mansedumbre, la caridad, que son sentimientos propios del Siervo

  • Anunciar la devoción y espiritualidad del Corazón de Jesús.

Las Esclavas estamos llamadas a ser mujeres de un único amor, y así, desde nuestra experiencia, dar a conocer el amor del Corazón de Cristo a los hermanos propagando su culto y dando testimonio de este amor que ha reparado las heridas de nuestra propia vida

  • Restaurar la imagen de Cristo en los hermanos especialmente los que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad.

Es el AMOR el que REPARA, el que consuela al frágil y herido, el que devuelve la imagen y semejanza de Dios desfigurada por el pecado. Y es el mismo Jesús, el que se muestra herido en el rostro de nuestros hermanos. La reparación es también llamada a acoger nuestra propia fragilidad y a vivirla como camino de humanización y configuración con Jesús.

La espiritualidad de nuestro Instituto se alimenta desde sus orígenes por la espiritualidad ignaciana, especialmente a través de los Ejercicios Espirituales y del discernimiento como medio habitual para buscar y hallar la Voluntad de Dios. Buscamos dar gloria a Dios y ser mujeres contemplativas en la acción, es decir, comunicando el amor de Cristo, contemplado en la oración, a los hermanos; y a su vez, presentando en la oración, nuestra vida entregada en la misión y el trabajo.

Nuestro espíritu eclesial es “sentir con la Iglesia”, estando al servicio de Jesús en ella, sabiendo que nuestro primer servicio es vivir la caridad del Corazón de Cristo.

La Primera Servidora 

María se hace compañera de nuestras vidas de un modo especial, es la primera Esclava, y la que nos une y conduce a Cristo. Ella supo guardar en la intimidad de su corazón los hechos y palabras de su Hijo Jesús por eso es quien nos enseña a escuchar y meditar la Palabra de Dios día a día, quien nos enseña a ser Esclavas del Corazón de Cristo y a gastar nuestra vida en este proyecto de amor.

Fieles al propio carisma y en respuesta a las necesidades de los tiempos y de la Iglesia la misión del Instituto se realiza por la evangelización y promoción hacia todos, con especial atención a la mujer y a los más vulnerables, esto no lo hacemos solas sino junto a los laicos que pertenecen a nuestra “Familia Catalina de María”  en nuestras diferentes pastorales.