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El fuego que enciendió Catalina

Noviembre 2025. El fuego que Madre Catalina tomó de su profunda devoción al Sagrado Corazón de Jesús la convirtió en portadora de una luz viva.

Un corazón en el que siempre tenemos lugar

Celebrar el mes del Sagrado Corazón de Jesús no es sólo una costumbre para nuestra familia y para toda la Iglesia, es recordarnos constantemente algo esencial e importante: Somos inmensamente amados por un corazón en el que siempre tenemos lugar.

¿Dónde descansa tu corazón?
En medio de la rutina del constante scroll, de las exigencias, de la búsqueda de aprobación, el correr por cumplir con las tareas cotidianas, los vaivenes de emociones, los logros y los fracasos… Está el corazón de Jesús, donde encontramos un refugio, que nos recibe como estamos, como somos, con lo que traemos y dejamos y, sobre todo, sin reproche. El corazón de Jesús es ese lugar seguro donde encontramos la calma, y no importa mucho más que el estar ahí con él.

El huayno al Sagrado Corazón reza en una parte “hazme un huequito ahí dentro para sanar mis dolores”. En el corazón de Jesús encontramos nuestro hospital para las heridas profundas, antiguas o nuevas, y es en dónde somos atendidos por un Jesús que también está herido. Su corazón es humano porque quiso experimentar lo mismo que tú, para que jamás sientas que no te entiende. Te entiende, te abraza y te ayuda, porque te ama y también sabe de dolor. Sabe calmar las heridas porque él mismo las tuvo.

El corazón de Jesús es un corazón sencillo y ligero de equipaje, porque sabe que lo verdaderamente importante va por dentro, está lleno de gestos, lleva el amor. Y es por eso que no pide mucho, habla en lo pequeño, y no tiene requisitos de entrada. ¿Por qué poner un límite cuando la casa es gigante y tiene lugar para todos?

El corazón de Jesús también lleva su cruz. Si, hay cosas que le pesan y, aun así, quiere ayudarte a cargar la tuya. La invitación que te hace es dejar de cargar todo solo, todo sola… y dejarte ayudar por él, que te va acompañando en esos pasos difíciles, en esos días donde no ves claro, en ese tiempo en el que sientes una gran soledad. Paradójicamente, este corazón está susurrando que va contigo.

El corazón de Jesús está incendiado de amor, un amor que sobrepasa y que se entrega generosa y gratuitamente. Un amor que no se puede quedar quieto y encuentra siempre formas creativas para darse una y otra vez… Para decirte que te ama.

El corazón de Jesús tiene en su ADN la misericordia, que es una condición especial: no importa las caídas, te ayuda a levantarte, te sacude el polvo y te alienta en el camino hacia adelante. Este corazón busca amar y reparar, y te invita a hacer lo mismo con los demás.

Este mes de junio celebramos el corazón humano de Jesús, que con su calidez de hogar, su paciencia para sanar, su sencillez, su disposición para ayudar, su amor y misericordia… nos enseña a ser más humanos, más hermanos. Este corazón deja de lado cualquier lógica, porque se entrega sin medida.

¿Rezamos juntos?

Jesús, gracias por tu corazón que es…
Refugio cuando todo me abruma,
Hospital cuando todo me duele,
Hogar cuando no soy de ningún sitio,

Compañero cuando llevo la cruz,
Fuego de amor que ilumina cuando se ve todo oscuro.
El lugar al que quiero volver cuando todo va bien,
El que genera los gestos más lindos que hay en mí,
El que me habla de su amor en lo cotidiano.
Jesús, gracias por tu corazón

¡Feliz mes del Sagrado!

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