
¿Te has detenido a gustar del mundial?
En estas semanas la atención de millones de personas alrededor del mundo ha estado puesta en el mundial de fútbol. ¿ A qué se debe este fenómeno?
Este escrito no se trata de una investigación sociológica, sino más bien de una reflexión que busca hipótesis sencillas de razones profundas que den sentido a este tiempo -además de disfrutar un deporte – , pero sobre todo que interpelen la propia vida.
Llama la atención ver que equipos como Cabo Verde -que quedó fuera del mundial en 16avos- fue recibido en su país con una fiesta digna de campeón. Noruega, por su parte -que perdió en cuartos-, regresó feliz por todo lo que habían logrado (como volver a participar de este campeonato luego de 28 años). Tal vez no sea el caso de todas las selecciones, pero por lo menos estas nos pueden hacer pensar que se trata más del camino que de la meta. Si, ¿A quién no le gustaría ganar? pero… ¿serviría de algo si eso fuera todo, si no has disfrutado el recorrido y el trabajo con otros…?
Celebrar cada paso es reconocer lo que se ha dado y la búsqueda de mejorar. El premio es uno solo, pero detrás hay muchos equipos buscando, aprendiendo, caminando juntos. Si bien es una competencia contra otros, tal vez sea necesario primero mirar cuánto hemos crecido comparado con nuestras versiones anteriores, cuánto hemos trabajado juntos para llegar lo más lejos posible.
Por otro lado, algo que emociona del clima mundialista es el sentirnos uno, donde la bandera que nos acoge por país es una sola. Que bien nos hace unir colores y levantar la misma bandera. A veces – sobre todo en tiempo de elecciones políticas o en otros contextos donde salen a flote las diferencias- pareciera que la grieta se abre, que el que piensa distinto no puede compartir conmigo, que vivimos constantemente a la defensiva. Pero en este tiempo bajamos el volumen a lo que nos divide, y nos juntamos a ver partidos, a celebrar triunfos, a alentar a otros que están a cientos de kilómetros pero que son de nuestra tierra.
De repente en el aire se percibe más esperanza y confianza; alentamos y soñamos con a dónde podemos llegar juntos… ¡Eso es clave!, no se trata de sentarnos a ver como juegan otros que dicen representar nuestro territorio, sentimos que ellos son nosotros y que si ganan, ganamos todos. y si pierden, perdemos todos, y si dejan todo en la cancha, lo dejamos todos.
Una característica más de este mundial es que se ha mencionado que algunos jugadores son“grandes” en edad, como Messi, Ronaldo, Modric pero también alguien que para muchos era un desconocido tiempo atrás: Vozinha. Este jugador empezó su carrera profesional como futbolista a los 25 años -para algunos eso podría ser tardío-, y sin embargo llegó al mundial con 40 años y destacó por lo bueno que es haciendo lo que ama, por como atajaba en los partidos.
Inevitablemente al verlo tenemos que preguntarnos nosotros ¿Es realmente tarde para cumplir nuestros sueños? A veces nos dejamos envolver por lo que la sociedad dice, por lo que se supone que ya deberíamos haber logrado a tal edad, por sentirnos grandes… y así abandonamos sueños que todavía esperan ser vividos e intentos que valen la pena.
Que gran recordatorio nos da este punto. Como decía santa Teresita del Niño Jesús: Dios no inspira deseos irrealizables. Y ahí nos esperan esos deseos, esos sueños… en lo más profundo, esperan que dejemos excusas, miedos y lo que nos frena. Esperan que vayamos por ellos.
Por último, algo valioso a rescatar de este mundial es ver cómo los creyentes no ocultan su fe, la muestran a todo el mundo. Vimos jugadores festejar goles con miradas al cielo o haciéndose la señal de la cruz. Escuchamos a un técnico hablar de cómo reza cada día, y no para ganar, sino para agradecer. Ojalá nosotros también podamos ser testimonios de creyentes que confían sus días a Dios, sus logros y también sus intentos, pero sobre todo que hablan con sus actos de la fe que tienen.
Jesús nos ofrece algo más grande que la copa del mundo.
¡Que grandes emociones nos deja un evento que se vive cada cuatro años y en el que se camina hacia él durante ese tiempo!, ¡Qué intensidad vivimos en el camino compartido!
A todos nos deja algo, pero solo a un equipo le deja la Copa del Mundo.
El papa Francisco nos decía en la JMJ de Río de Janeiro (2013) “Jesús nos pide que le sigamos toda la vida, nos pide que seamos sus discípulos, que «juguemos en su equipo»”.
Y por si no lo habías notado, tú también eres convocado a un equipo que quiere dejarlo todo en la cancha, en la vida.
Añadía Francisco, “Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo; ¡algo más grande que la Copa del Mundo! Jesús nos ofrece la posibilidad de una vida fecunda y feliz, y también un futuro con él que no tendrá fin, allá en la vida eterna. Es lo que nos ofrece Jesús. Pero nos pide que paguemos la entrada. Y la entrada es que nos entrenemos para «estar en forma», para afrontar sin miedo todas las situaciones de la vida, dando testimonio de nuestra fe.“
Lo que nos ofrece Jesús no es cada cuatro años, es cada día aquí en la tierra y por toda la eternidad en el cielo. Se trata de un premio que es gratuito pero que nos invita a entrenarnos para poder disfrutarlo, a crecer buscando nuestra autenticidad, a caminar con otros en comunidad, y a escuchar al DT que con su ejemplo nos indica cómo “jugar”, cómo vivir, cómo amar.
Con Jesús jugamos EL partido, en el que ganamos todos cuando amamos, cuando miramos al otro con misericordia, cuando somos buenos samaritanos que cuidamos y ayudamos a sanar las heridas del otro. Cuando solo “miramos desde arriba” para ayudar a levantar al caído.
¿Te sumas a esta selección?







