
La pregunta que nos podemos hacer es ¿de dónde nacieron esas certezas? ¿En qué situación vital se encuentra quien se las plantea? Si esas certezas nacieron desde el silencio, desde una sincera búsqueda de la voluntad de Dios en un contexto de ejercicios espirituales, nos podrá ayudar tener en cuenta lo siguiente[i]:
“Es importante no vivir la desolación a la defensiva, sino como un tiempo propicio para progresar en la vida de fe: en la fe, en la esperanza y en el amor. Debemos persuadirnos de que “todo momento es «tiempo de gracia», «tiempo favorable», verdadero Kairós” (cf. 2 Cor, 6,2).
“EN TIEMPO DE DESOLACIÓN [EE 318-322]
- «Nunca hacer mudanza» “Es un consejo de buen sentido no tomar decisiones en momentos de oscuridad, de turbación, de niebla espiritual…. Sin embargo, esto no significa que no se deba hacer ya ningún cambio, sino sólo que el tiempo de desolación no es el momento de hacerlo.”. Es el momento de permanecer fiel a los propósitos que teníamos antes de que comenzara la crisis.
- El «más» del amor. “Resulta muy provechoso no sólo resistir a la desgana, a la oscuridad, al miedo y otras manifestaciones que son propias de la desolación, sino hacerles frente con decisión e incluso, con resistencia activa, ir más allá de lo que es debido. Es algo parecido a lo que ocurre en la vida humana corriente, por ejemplo, en la amistad, en la vida matrimonial o en el desempeño de la profesión, donde se dan también situaciones de desolación, que se superan haciéndoles frente con decisión y llevándoles la contra con más dedicación de tiempo, con mayor interés y entrega”.
- Fe y confianza. La desolación es un tiempo en que la fe se puede purificar, arraigando en Dios mismo y no en sus gustos. La fe en Dios que es el verdadero apoyo de nuestra vida, ya que cualquier persona, puede madurar mucho en medio de la tempestad de la desolación. En definitiva, la confianza de que Dios no nos va a faltar puede purificarse y crecer en momentos de desolación si sabemos reaccionar convenientemente. «Sencillamente, sin miedo alguno. Cuanto más te abandones, más se te llevará» (Hélder Cámara).
- Esperanza. La desolación no suele ser agradable y, por tanto, no ceder a ella supone paciencia, que significa dolor y espera. Por tanto, lo que se ha dicho de resistir y reaccionar más allá de lo debido, pide paciencia, soportar lo desagradable y la espera. La esperanza sostiene la perseverancia y es una esperanza activa”.
De este modo, aquellas certezas que Dios pone en el corazón salen fortalecidas y se purifican mis motivaciones, buscando en todo su mayor servicio.
[i]1 Extracto tomado de: José María Rambla SJ – Reglas de Discernimiento de Primera Semana. Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Una relectura del texto (3). Cuadernos EIDES N° 72, Fundación Luis Espinal, Barcelona, febrero 2014, pp 32 y ss.







