El 5 de abril pasado conmemoramos los 130 años de la muerte de Madre Catalina. Una fecha importante para nuestra familia.
A simple vista podríamos preguntarnos si no bastaba con celebrar su natalicio. ¿Por qué recordar su muerte?
Aún dentro de la Iglesia, nos cuesta muchas veces mirar las despedidas de nuestros seres queridos con esperanza.Sin embargo, para todos los que creemos, ese es el paso necesario para la vida abundante que nos regala Jesús, vida de la cual habló Catalina de Maria en su paso por la vida terrenal. Jesús que nos ama tanto, nos regala la eternidad.
Más bien, tal vez la pregunta sería, ¿por qué no celebrar la promesa cumplida del Señor? ‘¿Por qué no celebrar con su muerte toda la vida que Madre Catalina ha sembrado? ¿No es acaso un motivo más para agradecer y alabar a Dios?
Hablar de Madre Catalina es hablar de una mujer que ha vivido con plenitud su fe de maneras diversas: como laica, como esposa y madre, como religiosa. Pero en todas con mucho amor, con mucha sed de Dios y con muchas ganas de no guardarlo para ella, sino de llevarlo a otros con acciones concretas.
Fue una peregrina que llegó a destino, a la patria celestial. Pero no pasó como quien corre una carrera, buscando llegar rápido y sola a la meta. Pasó invitando a otros, deteniéndose a mirar en el camino, a tender la mano cada vez que tenía ocasión, a hablar a otros de lo que tanto bien le hacía. Pasó dejándose interpelar por las heridas, y moviéndose por grandes sueños. Peregrinó y no le fue todo fácil, pero en el camino tenía una certeza profunda: siempre confiar en Dios. Peregrinó y llegó, haciendo peregrinos a muchos más.
Este año como en el año 1896, su pascua coincidió con el Domingo de Pascua de Resurrección. Dios es muy detallista y amoroso, y podríamos asegurar que esto es más que una mera coincidencia. Recordar su muerte el día de la Resurrección del Señor, nos sigue hablando de las certezas e invitaciones que nos da Dios: ir sembrando su Reino aquí en la tierra y luego pasar de esta vida a la vida eterna.
130 años de una vida que pasaba a la Vida, y que dejó mucha vida aquí también.
Hay una frase que dice “Si pasó, y no dejó huella, ¿para qué pasó?”. Con Madre Catalina podríamos reformular esa frase: Si pasó sin amar ni hablar de Dios, ¿realmente pasó? . Gracias Señor, porque Madre Catalina amó, habló de ti, y dejó una huella que perdura tanto tiempo después. Gracias por encender en su corazón el fuego de su amor que hoy sigue dando calor en nuestro Instituto.
¿Cómo no celebrar la Pascua si es celebrar la vida?








