Salud mental, amor y reparación: un camino de acompañamiento y esperanza

Cuidar la vida en todas sus dimensiones, acompañar el sufrimiento y construir comunidades donde nadie se sienta solo. 

La salud mental es uno de los grandes desafíos de este tiempo. La ansiedad, la depresión, la soledad, el estrés crónico, la sensación de vacío, las experiencias traumáticas y otras formas de sufrimiento psicológico atraviesan la vida de millones de personas, familias y comunidades. 

Según la organización mundial de la salud (OMS, 2025), más de mil millones de personas viven con algún trastorno mental en el mundo. Esto nos recuerda que la salud mental no es un asunto marginal, ni una dificultad que afecta solamente algunos, sino que es una dimensión fundamental de la salud y del bienestar de las personas.

En los países en donde está presente nuestro Instituto, esta realidad varía según los contextos y así nos invita a mirar de cerca, también las posibilidades de acceso que están disponibles, en cuanto a la atención profesional y como recursos comunitarios. En todos ellos compartimos un mismo desafío: cuidar la vida, superar los prejuicios y ayudar a que toda persona pueda recibir una acompañamiento digno y oportuno.

Sabemos que detrás de cada cifra hay una historia, un rostro, una persona que necesita ser escuchada. 

Desde el espiritualidad cristiana, cuidar la salud mental significa reconocer a la persona en todas sus dimensiones: corporal, psicológica, afectiva, social y espiritual. Ninguna de ellas puede comprenderse de manera aislada, ya que se relacionan e influyen entre sí.

Victor, Frankl, Psiquiatra, y fundador de la logoterapia ofrece en su Diez tesis sobre la persona, una mirada que invita a no reducir al ser humano sólo a la dimensión psicológica o biológica, sino reconocer que la persona posee una dimensión espiritual que le permite ser valiosa por su dignidad y libertad interior, incluso en situaciones de gran sufrimiento.

Esta perspectiva no significa negar la realidad de las enfermedades mentales, ni afirmar que el cuerpo es lo único que enferma, mientras que el alma permanece intacta, sino reconocer que una enfermedad por profunda que sea, no agota todo lo que es una persona es. Es decir, la persona es mucho más que su enfermedad, su dignidad no desaparece cuando su salud mental se ve afectada.

Desde esta mirada la espiritualidad, no pretende ofrecer explicaciones simplistas al sufrimiento, sino que ayuda a reconocer que aún en medio de la fragilidad cada persona, merece, respeto, cuidado, escucha y acompañamiento. 

En los últimos años, diversos estudios e investigaciones científicas han analizado la relación entre la religiosidad, la espiritualidad y las enfermedades del ámbito de la salud mental. Los resultados muestran que ciertos aspectos del bienestar espiritual, así como algunas intervenciones basadas en la espiritualidad, pueden aportar beneficios significativos al afrontamiento, la recuperación y la calidad de vida de las personas que padecen estos trastornos

Así es que la fe puede ser fuente de consuelo, esperanza y fortaleza interior. La oración, la meditación de la palabra de Dios, la participación en una comunidad y el acompañamiento espiritual y la experiencia de sentirse amado pueden ayudar a afrontar momentos difíciles y encontrar sentido en medio de la incertidumbre. Estos hallazgos invitan a seguir integrando la dimensión espiritual. 

Una espiritualidad saludable no culpabiliza a quien sufre, no interpreta la enfermedad como falta de fe, tampoco promete una curación inmediata, sino que reconoce los límites, favorece la búsqueda de ayuda y acompaña estos procesos con paciencia y caridad. También la fe le aporta sentido y fortalece la esperanza durante el proceso del cuidado.

De modo que sanar no significa que desaparezcan todos los síntomas, también puede significar: recuperar vínculos, aprender a pedir ayuda reconciliarse con la propia historia descubre nuevas posibilidades y sentirse acompañado en medio de la fragilidad.

El Papa León nos invita en este mes de octubre, a través de la Red mundial de oración, a construir una iglesia que sea una casa abierta para las personas que sufren alguna enfermedad mental, una comunidad capaz de acompañar sin estigmatizar, escuchar, sin juzgar y acercarse, sin excluir. Invitación que nos lleva a revisar nuestras actitudes, nuestros prejuicios y nuestras maneras de acompañar ¿Sabemos escuchar sin apresurarnos a dar respuestas? ¿Ofrecemos espacio donde sea posible hablar del sufrimiento sin vergüenza? ¿Somos comunidad donde las personas pueden sentirse acogidas también en los momentos de mayor vulnerabilidad?

La oración de este mes se convierte así en compromiso que nuestras comunidades sean espacios seguros, donde la fragilidad no sea motivo de exclusión y donde cada persona puede experimentar la cercanía, comprensión y esperanza. 

La salud mental desde la espiritualidad para que llegue a ser un camino de integración, nos invita a cuidar el cuerpo pero también atender la vida emocional, cultivar relaciones saludables, buscar ayuda profesional cuando se necesita y alimentar la dimensión espiritual que nos abre el sentido a la esperanza y al encuentro con los demás. 

Estar presente será uno de los gestos más profundamente humanos y reparadores para acompañar a cada persona, y también a sus familias, a los profesionales de la salud y a todas las personas que ofrecen cuidado y acompañamiento. 

Que nuestra fe haga presencia, nuestra oración se traduzca en compromiso y nuestras comunidades sean lugares donde cada persona pueda sentirse reconocida, acogida, acompañada, reparada. 

Porque nadie debería tener que recorrer sólo el camino del sufrimiento.

Referencias bibliográficas: 

Aggarwal, S., Wright, J., Morgan, A., Patton, G., & Reavley, N. (2023). Religiosity and spirituality in the prevention and management of depression and anxiety in young people: A systematic review and meta-analysis. BMC Psychiatry, 23, 729. https://doi.org/10.1186/s12888-023-05091-2

Frankl, V. E. (2016). La voluntad de sentido: Conferencias escogidas sobre logoterapia. Herder.

Grün, A., & Dufner, M. (2000). La salud como tarea espiritual: Actitudes para encontrar un nuevo gusto por la vida. Narcea.

Grün, A., & Müller, W. (Dirs.). (2000). ¿Qué enferma y qué sana a los hombres? Verbo Divino.

Organización Mundial de la Salud. (2025). Atlas de salud mental 2024 (Mental Health Atlas 2024). Organización Mundial de la Salud. https://www.who.int/publications/i/item/9789240114487

León XIV. (2026, 1 de octubre). Intención de oración para octubre: Por la pastoral de la salud mental. Vatican News.

Santa Sede. (2026, 1 de octubre). Videomensaje «Reza con el Papa». Octubre 2026: Por la pastoral de la salud mental.

Soy Verónica Santillán ecj.
He buscado en todos estos años poder integrar estos dos ámbitos como es la psicología y la espiritualidad dónde contribuyó desde Chile a la construcción de la cultura del cuidado.

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