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Luis, el que miraba el mar

A Luis le gustaba mirar el mar, quizás porque pensaba que cruzando ese amplio océano habían llegado sus abuelos franceses y alemanes buscando un mejor futuro, y en ese futuro también estaba formar una linda familia. Luis fue uno de ellos, se casó con Estela y siempre vivieron en esa ciudad de cara al mar.

Estela fue catequista y Luis ayudaba en la logística de la Parroquia. Tuvieron 6 hijos. Luis se preocupó siempre de que antes que buenos profesionales fueran buenas personas, su ejemplo fue la mejor escuela; además siempre tuvo gestos cariñosos y de halago con su esposa y el infaltable ramo de flores para el aniversario de noviazgo y de matrimonio.

En su trabajo comercial siempre buscó el bien de los demás, decía que “el bien siempre vuelve y hace más bien, en cambio el mal se desparrama y es capaz de matar el bien”. Todos, incluidos sus hermanos y sobrinos lo tenían como un ejemplo moral, algo así como la representación de Corintios 13… ”el amor debe ponerse en obras más que en palabras” es la frase con la que solía terminar la conversación cuando varios iban a pedirle los más diversos consejos.

Fue un hombre de coraje, alegre, sensible, amigazo de sus amigos, con una gran confianza en Dios que le gustaba sentarse a meditar, a pensar, a rezar.
Cuando tenía cerca de 80 años y nadie pensaba que podía morir, un cáncer fulminante lo llevó en un mes. Vivió el proceso con mucha paz y tomado de la mano de su familia y de Dios.

”el amor debe ponerse en obras más que en palabras” 

Al enterarse de su partida, varios “desconocidos” por la familia tocaron el timbre de la casa. Resumo algunos ejemplos: el barrendero de la calle preguntó qué había pasado con ese señor que en invierno le daba café y en el verano agua fresca, el cuidador de una plaza cercana contó que él mismo había traído unos árboles y le había ayudado a plantarlos, un joven matrimonio del barrio que tenían un bebé, contaron que cuando ella estaba embarazada y hasta que se enfermó, pasaba todos los días por su casa para preguntarle si necesitaba que le haga alguna compra u otro favor y quizás el más impactante fue el de un joven que ante el embarazo de su novia querían abortar y Luis no solo los aconsejó sino que los ayudó económicamente.

Así, silenciosamente pasó Luis por este mundo, se dedicó a hacer el bien, a mirar el mar, a formar una familia. No hizo nada extraordinario, sólo es un santo de la puerta de al lado.

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